El museo itinerante de los Ferreteros en La Plata, un paseo por la historia del trabajo a través de las herramientas

Son herramientas corroídas por el tiempo, pero al escuchar la explicación de para qué se usaron, esos hierros prolijamente catalogados cobran sentido. El visitante de la muestra puede imaginarse al inmigrante italiano que empujó el arado de mano del 1900; al carpintero rodeado por esas extrañas ollas “coleras” de 1940, en las que mantenía caliente el pegamento o las maniobras que se debió haber hecho con el criquet de carro para reemplazar la inmensa rueda.

Rescatar la cultura del trabajo, conocer el origen y uso de las herramientas y establecer etapas del avance tecnológico fue el objetivo que plantearon los ferreteros de la Ciudad y los de Mar del Plata al rescatar del olvido esos elementos. Muchos de ellos heredaron el oficio de sus padres y abuelos.

Para Pablo Perique, vicepresidente de FEYBA, la asociación que nuclea a los ferreteros en La Plata, su actividad es hija del almacén de ramos generales, el comercio en el que se podía comprar desde herramientas hasta materiales de construcción, carruajes y maquinarias agrícolas, entre otros.

“Algunos estamos al frente de comercios que tienen entre 80 y 100 años, se los conocía como almacén de ramos generales, allí trabajaron nuestros padres y abuelos y fueron quedando elementos que no se vendieron con los que se nos ocurrió armar el museo itinerante; también hay donaciones y piezas que fuimos comprando”, cuenta Perique.

Las primeras versiones de las herramientas remontan al visitante de la muestra a épocas donde las cosas se fabricaban con materiales nobles como el ébano o el hierro de fundición para que duraran toda la vida, aunque no fueran amigables con la comodidad del trabajador.

Cualquiera se sorprenderá por ejemplo con un cepillo de piso de unos 10 kilos que en 1940 era empleado por las amas de casa para sacar lustre a mano a los pisos de pinotea. Con solo voltear la vista podrá ver una reluciente plancha que permaneció inmaculada en el depósito de una ferretería y ahora asombra a quienes buscan el enchufe y se encuentran con los picos que la conectaban a la garrafa de gas, fuente de energía que le permitía alcanzar la temperatura de planchado.

En cada elemento hay reflejada una costumbre de época como es el caso de una pequeña salivadora de 1920, una especie de pequeña olla que se asía a través de un mango y que utilizaban para expectorar las personas con enfermedades de las vías respiratorias.

Muchas de las herramientas que se exponen son inglesas, hay cintas métricas de 1892, tijeras de esquilar de 1900, taladros “Ultimatun” que se accionaban a mano.

Quizás no sea casual que en la muestra el objeto inventariado con el número “1” sea una hoz de 1920 que fue donada por la familia Apolonio – Provasi de Mar del Plata. Según los estudiosos, esas herramientas fueron de las primeras que utilizó el hombre, ya que aparecieron durante el Neolítico, eran fabricadas en piedra o hueso y, hasta la invención de la cosechadora mecánica, su uso fue habitual entre quienes practicaban la agricultura.

Una especie de inmenso punzón de 72 centímetros podría pasar desapercibido si no fuera por la explicación de Pablo Perique que aclara que ese hierro es un clavo que perteneció a un galeón del siglo XVIII. “En esa época no se fabricaban clavos, entonces para ensamblar las partes de la embarcación se hacían caladuras y por esos agujeros se tiraba una aleación líquida con acero, al endurecer se le colocaba la cabeza y eso daba lugar a lo que hoy conocemos como clavo”, dice el vicepresidente de FEYBA y agrega que esa pieza se encontró buceando por las aguas de Santa Clara del Mar.

Los avances en materia de seguridad también se infieren cuando el visitante se topa por ejemplo con antiguos taladros Black and Decker con carcaza de metal que se prohibieron en 1970 para evitar riesgos de electrocución.

La muestra permite además hacer especie de adivinanzas para arriesgar en qué se utilizaba por ejemplo un aparato con decoradas manivelas y tal vez el concurso quedara vacante al conocer que ese inmenso elemento se utilizó por 1950 para desgranar el maíz que se cosechaba en los campos bonaerenses.

Cajas de herramientas construidas con hierro fundido, indispensables para quienes se lanzaban a trabajar el campo con sus tractores; caños cloacales de la firma alemana Cremen que datan de 1920; los mas curiosos infladores; linternas de los mas variados formatos y hasta una pesada cortadora de césped de la firma local Cidand, que se utilizó a mitad del siglo pasado, enriquecen una exposición que lleva a conocer usos y costumbres del acervo laboral argentino.

Fuente: ElDía.com

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